Segundo monólogo de Segismundo
"Es verdad, pues: reprimamos
esta fiera condición,
esta furia, esta ambición,
por si alguna vez soñamos.
Y sí haremos, pues estamos
en mundo tan singular,
que el vivir sólo es soñar;
y la experiencia me enseña,
que el hombre que vive, sueña
lo que es, hasta despertar.
Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe
y en cenizas le convierte
la muerte (¡desdicha fuerte!):
¡que hay quien intente reinar
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte!
Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado;
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son".
A veces cierro los ojos y automáticamente se me viene a la mente estas líneas:
"(...) y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende".
Decir que entiendo que significa es una mentira... solo recuerdo el libro, veo la hoja color gris con la impresión de ese monólogo, leyendo sin entender, pero aprendiendo de memoria esas líneas...
Solo escucho resonar las palabras y automáticamente se me viene la imagen de la puerta de entrada a mi grado, no recuerdo cual, pero es el aula a la entrada, al lado del bar, a la derecha... veo adentro y el recuerdo del olor me eriza la piel, escucho como sonaba la madera cuando caminaba... veo las bancas de madera y recuerdo a mis profesoras más queridas....
Me veo sentada en el piso del patio agarrada de los brazos con mis amigas, riendo y jugando al "ancianito", veo el carro de los helados, el kiosko de las "colas" y la señora de las empanadas... y me siento como esa niña que era indiferente a la realidad.
Me veo vestida con mi uniforme de cuadritos celeste con blanco, medias blancas y zapatos negros...
A veces veo la escalera, alzo la mirada y miro a la virgen de Fátima con su tierna mirada, es como si me viera y, no puedo evitar sonreír, no puedo dejar de sentir paz...
Que tiempos aquellos, hermosos, no perdidos por que los tengo en mi mente y en mi corazón...
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