Yo crecí en una ciudad pequeña que se llama “Machala”, crecí
con mi madre (separada de mi padre) y mi abuelita (divorciada). Cuando había
pasado mi adolescencia mi abuelita me dijo que ya era grandecita y que merecía
saber cosas de adultos, se sentó, habló conmigo y me contó que ella fue violada
tantas veces que dejó de llevar la cuenta y que casi la mata mi abuelo.
Ella endulzó su historia, mi mamá sí me contó los detalles
que faltaban y con los años mi abuelita los confirmó.
Sin embargo, yo recuerdo mi niñez con mi abuelita de una
manera especial.
Ella era voluntaria en el “Hospital Teófilo Dávila” donde
llegaban muchas personas sin recursos económicos, con pocas esperanzas de vida,
y algunos casos de niñas y adolescentes violadas. Nosotros tampoco teníamos
recursos de sobra, vivíamos con lo justo y necesario. Pero ella hacía hasta lo
imposible por conseguir quien pague las recetas de los que necesitaban. Todos
los días veía a personas llorar con ella, hasta gritar y mi abuelita las
consolaba, les aconsejaba y les ayudaba.
Pero ella en casa hablaba con mi mamá y algunas veces
lloraba con ella y mi mamá era la que la contenía, al día siguiente seguíamos
en la lid. Aquí se evidencia lo necesario que es el que una persona que se
encuentra vinculada a estos casos tenga su red de apoyo, quien la contenga.
Mi abuelo era millonario y obviamente cuando estuvieron
casados ella se relacionó con gente adinerada y estas personas la querían mucho
y ella utilizó esa amistad para que ellos ayuden a los necesitados. Creó una
fundación “Amor y Esperanza” a través de ella ayudó a muchas personas que iban
a ese hospital.
Mi abuelo le ponía muchos adjetivos peyorativos e inclusive
trató de atropellarla a ella y a mi mamá. Como fue de las primeras mujeres en
demandar el divorcio en la ciudad, ustedes se imaginarán hasta de que más la
tildó.
En fin, los años pasaron la fundación se conformó de “damas
ilustres de la ciudad”, aunque suena de antaño, así lo era, y las damas de la
fundación trabajaban, ayudaban a la ciudad y hasta una clínica de epilepsia
crearon.
Mi abuelita, hasta fue homenajeada por la prefectura de
Machala, jamás la abandonó su red de apoyo, sus amigas, las damas de la
“Fundación Amor y Esperanza”.
Cuando la vi subir a recibir el premio vi a esa mujer
analfabeta, entregada de niña a un “marido”, violada, golpeada, injuriada,
vilipendiada, agredida, brillar con luz propia, caminar con paso fuerte y
demostrar la resiliencia de la que es capaz; y, escuchando a Tarana me di
cuenta de que el ejemplo de sobrevivir y utilizar el trauma como motor para
salir adelante fue el ejemplo de mujer con la que yo crecí.
Pd.: Mi abuelita aún vive, pero a veces ya no está.
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