En menos de 12 horas puedes hacer sentir deseada, querida, amada a una mujer… No me crees, lee lo siguiente:
Historia de solo una
noche
Solo fue necesario sentarnos a menos de un
metro de distancia que sentimos un magnetismo que nos atrajo, al principio él
tomó mi mano y la acariciaba con ambas, no tenía hecho manicura, y no importó,
solo es un amigo que no veía hace mucho tiempo… solo bastó un abrazo, que duró
tal vez cinco minutos. Sus manos rozaban y acariciaban de arriba hacia abajo
suavemente mi brazo, y pese a estar con un abrigo sentí su tacto.
Parecía que no había pasado tanto tiempo desde
que no nos veíamos, fue como si el tiempo se detuviese, como si solo estábamos
el y yo… Estaba muy nerviosa, no le podía mirar esos bellos ojos miel sin
sentir que quería estar en sus brazos. Me acurruqué en su pecho y solo escuché que
dijo, ¿estás bien?...
Siempre tan preocupado, siempre tan delicado y
tan entregado…
-Si, si estoy bien- le dije
Y no era mentira, lo estaba y lo estoy, solo un
abrazo de el me dio seguridad, esa seguridad que no recordaba, esa seguridad
que siento perdida.
Luego de decir que si lo estaba seguimos conversando…
no recuerdo de que…
Solo recuerdo que me sentía muy bien,
tranquila.
En un momento ambos nos miramos fijamente y
todo desapareció, si, ha sido cierto eso… todo desapareció, no existía nada más
que los dos, mirándonos en silencio, y como en una película romántica
lentamente nos acercamos, poco a poco avanzábamos y sin pensarlo nos besamos.
Fue un beso tan tierno, tan delicado, tan dulce;
no recordaba cómo se sentían sus labios suaves y carnosos, no recordaba un beso
así… hace años que no disfrutaba de un beso de esa manera, su forma de besar es
perfecta, poco a poco el beso se tornó en apasionado, no me lastimó, sus ligeras
mordiditas me aceleraron el corazón, poseyó mi boca con ternura.
Sin darnos cuenta estábamos besándonos en el sofá,
apasionadamente, no podía pensar nada más que en lo bien que se sentía estar
con él, en la rareza de la situación, en sus besos, en sus manos, en el peso de
su cuerpo que se volvió liviano, en su rostro, solo lo detuve para mirarlo a
los ojos y saber que si era verdad lo que estaba sucediendo… El solo sonrió y
siguió besándome.
Lo más apropiado era mantener la compostura,
pero no se pudo, no había lógica, coherencia, mucho menos sentido común, solo
podía sentir, su cuerpo junto al mío, sus manos recorrer mi piel, su respiración
acelerada, no podía pensar y dejar de tocar su piel blanca y suave, el sentir
sus labios y sentir que en ese momento era solo mío y yo suya fue el motivo que
hubo para perder totalmente la razón.
Mi cabeza solo quería esto, a él en ese
momento, la verdad fue una delicia sentir que alguien se detiene a verte, a
admirarte, a desearte… Cuando entró a la habitación me miró de la misma manera
que lo hizo años atrás, esa forma de pararse tan seguro, tan tranquilo, tan
varonil; no recordaba lo que él lograba en mi…
Yo solo me senté a un lado de la cama, él me
miró y solo sonrió, nuevamente pregutó:
¿estás bien?
Si, solo atiné a decir -si estoy bien-
Por mi parte me deleitaba con la vista que
ofrecía parado frente a mi, siempre me ha atraído su sonrisa, pero esta vez, al
acercase a mi y besarme en esa forma tan dulce y apasionada, lo único que sentí
es que me temblaba el cuerpo y que una calentura recorría todo mi cuerpo
Mientras nos enlazamos en medio de abrazos y besos,
la ropa no molestaba aún… mi cabeza solo dijo una vez -no te saques la ropa-
pero el sentir sus latidos a millón mientras me tocaba fue una sensación
demasiado placentera, encontrar sus ojos miel mirándome me hizo sentir como una
jovencita ilusionada y, el interruptor de la cabeza se desconectó con el
cuerpo.
Sabía que había pasado mucho tiempo desde mi
última relación sexual, no me había preparado, el brasier era deportivo, la
camiseta grande, el pantalón de tela ajustado de color café cubría un perfecto
calzón de estilo “abuelita” color rojo, Bingo! Rojo…
El llevaba puesta una camiseta azul marina, un
pantalón gris oscuro, su correa… que forma de resaltar el color de su piel… esa
camiseta tenía impregnada su perfume, que delicia olerla. Aunque lo más rico
era tener ese olor sobre mí… la ropa aún no sobraba…
Besos, caricias, respiros acelerados, suspiros,
gemidos…. Su mano llegó a mi zona púbica, un gemido salió de mi boca, el gimió…
se detuvo:
Sigue por favor!
El de nuevo dijo ¿Estás bien? Pero ahora
preguntó ¿Estás segura?
-Si, bien y segura-
A fin de cuentas, sin títulos, sin ataduras, sin
nada que marque la existencia de pertenencia de ninguno, en esa habitación solo
estábamos el y yo.
Me alegro Señorita! De nuevo puso esa sonrisa
que me derrite y nuevamente tomó mis labios y con su mano disfrutó de mi…
Los gemidos de ambos invadían el silencio del
cuarto.
¿Te puedo sacar el pantalón señorita?
Si, si puedes mi caballerito.
¿Y la camiseta?
De acuerdo… pero no es justo que solo sea yo…
quiero disfrutar también de ti. En cuanto acabé esta frase el soltó una
carcajada y me dio un rápido beso y mientras me sacaba la camiseta el me ayudaba
con el pantalón.
En mi mente pasó un flash “calzón de abuelita”
Solo sentí que la vergüenza se apoderaba de mi
y le dije -espera… llevo puesto calzón de vieja!-
Y solo dijo:
Es rojo! Mmm rico… me gusta lo que veo!
Se sentó a mi lado y se sacó la camiseta, mis ojos se fijaron en su pecho, que
perfecto, su color blanco me derrite, el me dijo
-lo siento no he ido a tomar color-
Sonreí y le dije, -así blanquinoso eres
perfecto para mi… hay una ventaja no eres bicolor, tu nalga y tu espalda tienen
el mismo color-
Otra carcajada salió de su boca, se empezó a
sacar el pantalón y dijo:
-Compruebalo tu misma-
Se dio una vuelta… le silvo y pienso que no es
alto, pero tiene un cuerpo muy bien definido, no ha hecho ejercicios, su
panzita “cervecera” resaltaba y lo veía lindo, tan normal, tan él, tan real.
-Fuifuuuuuuiu asé justamente así, me lo
recomendó el Dr.-
El dijo: -Ay señorita tu y tus ocurrencias que
me encantan-
-Si lo se, eso más esta personalidad abrumadora
que me dio Dios te encantan ¿o no?- lo dije y luego pensé -que creida soné…
jajaja no importa-
Escuché de su boca un divertido: -Por supuesto,
toda tu-
Se acercó a mi, me tumbó a la cama y me dijo:
-Si te duele avísame-
-Por supuesto que lo haré-
Me besó, me tocó, jugó conmigo mientras solo
podía pensar “Dios que placer”. Mis gemidos lo dirigían. Sabe lo que hace pensé
y empezó a acelerar sus caricias y me llevó al orgasmo.
-GUAU, que genio!-
Se recostó a mi lado… y dijo:
-GUAU TU- y sonrió, me abrazó y me acercó a él.
Pensé, sus besos me vuelven loca, sus caricias
saben por donde ir y qué parte rozar, maldita sea, ¿por qué?
Dejé de tomar asunto a lo que pensaba, además
debía concentrarme en mi, en lo que sentía y lo que quería sentir.
Nos detuvimos, debía recuperar el aliento y el lo
respetó, tomé agua, y nuevamente me acerqué a el y lo abracé, desnudos,
hablamos de muchas cosas.
-¿Te gustó?-
-Si-
-¿Te sientes bien?-
-No, por eso gemí y terminé, nótese el sarcasmo
en mis palabras y reí-
En ese instante me doy cuenta de que lo
disfruté muchísimo, y me pregunté ¿hace cuánto tiempo no disfrutaba así?
-Señorita, te mereces estar bien, sentirte bien
y que sea alguien que te lo haga sentir, hoy soy yo-
No lo dejé continuar y le di un corto y
romántico beso
-Sabes que si, me merezco esto y más, me
merezco ser feliz-
Apareció el motivo de mi locura, sonrió y dijo
-así es-
Seguimos conversando, me tenía abrazada a su
pecho, sus manos rozaban y acariciaban mi espalda y estaba sensible, muy
sensible, me contó que había sucedido con él en estos años, de habló de su
trabajo, de lo que quiere, de lo que yo quiero, de lo que siento, lo que pienso.
En un momento quedamos frente a frente y nos miramos.
-Sabes que esos ojitos me matan- le dije
Solo sonrió y dijo
-Los tuyos también, hace tanto que no los
miraba tan cerca-
-¿Pensaste que esto podía pasar?-
El dijo -No, pensé en ver a mi amiga que no veía
hace mucho-
-Te gusta lo que está pasando?
-Sí-, un largo y sonoro si, acompañado de un cálido
y tierno beso me sorprendió.
El me miraba y acariciaba mi cabello, me miraba
y no lograba descifrar que decía su rostro. Pensé, quien no pregunta se queda
con la duda.
-¿En qué piensas?-
-En que no me lo esperaba y lo estoy
disfrutando, en algún momento dudé en venir, pero pensé que no podía pasar nada;
sin embargo si traje protección. No quiero que pienses que solo vine por buscar
esto, vine a verte, a pasar contigo un rato, a conversar a estar contigo un
rato, ayer sentí que necesitabas a un amigo, pero ya se dieron las cosas y me
siento bien contigo, así, desnudos, abrazados juntos tu y yo- Soltó un suspiro.
Lo miré y solo atiné a tomar su rostro y
besarlo, pero esta vez, el beso decía, -te agradezco-, agradezco tu calidez, tu
cariño, tu dulzura. Por ahora no necesito una pareja, solo esto, solo sentir un
momento de paz, tranquilidad, y que mejor que sea al lado de él.
-O lo recuerdas, o viniste con un manual
guardado en tu cabeza, el manual de cómo tocarme, sabes que hacer, como hacerlo
y me vuelves loca-
Pensé, mierda, ¿por qué se lo dije?...
Me miró y sonriendo dijo -ni yo lo sé, solo
hago lo que en ese momento me sale-
Me besó, le correspondí, se intensificaba poco
a poco el beso, caricias iban y venían. El se colocó encima de mí y me preguntó
si me sentía cómoda y le dije que si, así lo era.
-Estoy muy cómoda-
Se alejó y se sentó, se puso un condón, y yo
miraba.
-Dios que bien está-
El se giró y me dijo -mirona-
-Si, y ¿qué? – me reí nerviosamente.
El se colocó encima de mí me besaba, tocaba mis
pechos, los besaba, yo pensaba en lo magnífico que lo hacía, se detuvo y se
sentó, tomo mis piernas y dijo:
-Si te lastimo dímelo por favor-
-De acuerdo, lo haré-
Lentamente me penetraba, con delicadeza se
hundía en mí, con suavidad acariciaba mis piernas mientras lo hacía, se acercó
a darme cálidos besos y seguía en la tarea, en un momento estaba totalmente
dentro, yo solté un gemido y preguntó si estaba bien y solo pude mover la
cabeza de arriba hacia abajo, con los ojos cerrados escuché su risa y no puede
evitar corresponder a ella.
Con los ojos entrecerrados lo miraba disfrutar
de mí, yo mordía mi labio inferior y ahogaba mis gemidos con las manos. Así se
repitieron algunas veces, la última de ellas mis pies estaban al lado de su
rostro, una a cada lado y solo sentí que me besaba los pies, con suavidad los mordía.
Cada vez que lo hacía una sensación absolutamente desconocía me invadió. Casi
grito de placer…
-Que calientita estás señorita, me vuelves loco-
-Te dije que era calientita-
Que momento más morboso, que rico sentirlo así,
que placer…
Antes de dormir pensaba en que cada vez que nos
deteníamos a recuperar el aliento nos quedábamos abrazados, el me acariciaba la
espalda y una sensación de seguridad me invadía, no podía dejar de besarlo, solo
pensaba que sus labios son adictivos.
Seguimos así toda la noche, hasta que a altas
horas de la madrugada dijimos creo que es hora de descansar…
Que les puedo decir, así pase una de las noches más especiales de mi vida. Hablar de todo mientras estábamos abrazados desnudos y regresarnos a ver para sonreír y besarnos es algo que no experimentaba hace mucho tiempo.
Pd.: No soy escritora! Disculparán cualquier
cosita!
Acepto consejos =D
Actualización:
Pienso en el, cierro los ojos y veo su rostro y escucho su voz preguntándome si estaba bien... Creo que me llega tanto esa pregunta porque el que me la haga me hizo sentir especial, me hizo sentirme amada, aunque sea ese momento.
Si me sentía bien, el hecho de estar en brazos de alguien tan delicado y cariñoso, me hizo sentirla mujer más afortunada del mundo en ese momento. El no se preocupó únicamente por su placer, el se preocupó por hacerme sentir bien a mi.
Cada embestida me llevaba al climax, cada mirada me hacía suspirar y cada caricia me enloquecía, sentir su lengua era un éxtasis sin igual... y si, su pregunta para saber si me sentían bien me ayudó a tener confianza en mi, a sentirme relajada y a disfrutar del sexo...
Disfruté de el
El disfrutó de mi...
Puede ser repetitiva la pregunta, pero depende del significado que le da a quien se la hacen...
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