jueves, 11 de febrero de 2021

Solo una noche

En menos de 12 horas puedes hacer sentir deseada, querida, amada a una mujer… No me crees, lee lo siguiente:

Historia de solo una noche

Solo fue necesario sentarnos a menos de un metro de distancia que sentimos un magnetismo que nos atrajo, al principio él tomó mi mano y la acariciaba con ambas, no tenía hecho manicura, y no importó, solo es un amigo que no veía hace mucho tiempo… solo bastó un abrazo, que duró tal vez cinco minutos. Sus manos rozaban y acariciaban de arriba hacia abajo suavemente mi brazo, y pese a estar con un abrigo sentí su tacto.

Parecía que no había pasado tanto tiempo desde que no nos veíamos, fue como si el tiempo se detuviese, como si solo estábamos el y yo… Estaba muy nerviosa, no le podía mirar esos bellos ojos miel sin sentir que quería estar en sus brazos. Me acurruqué en su pecho y solo escuché que dijo, ¿estás bien?...

Siempre tan preocupado, siempre tan delicado y tan entregado…

-Si, si estoy bien- le dije

Y no era mentira, lo estaba y lo estoy, solo un abrazo de el me dio seguridad, esa seguridad que no recordaba, esa seguridad que siento perdida.

Luego de decir que si lo estaba seguimos conversando… no recuerdo de que…

Solo recuerdo que me sentía muy bien, tranquila.

En un momento ambos nos miramos fijamente y todo desapareció, si, ha sido cierto eso… todo desapareció, no existía nada más que los dos, mirándonos en silencio, y como en una película romántica lentamente nos acercamos, poco a poco avanzábamos y sin pensarlo nos besamos.

Fue un beso tan tierno, tan delicado, tan dulce; no recordaba cómo se sentían sus labios suaves y carnosos, no recordaba un beso así… hace años que no disfrutaba de un beso de esa manera, su forma de besar es perfecta, poco a poco el beso se tornó en apasionado, no me lastimó, sus ligeras mordiditas me aceleraron el corazón, poseyó mi boca con ternura.

Sin darnos cuenta estábamos besándonos en el sofá, apasionadamente, no podía pensar nada más que en lo bien que se sentía estar con él, en la rareza de la situación, en sus besos, en sus manos, en el peso de su cuerpo que se volvió liviano, en su rostro, solo lo detuve para mirarlo a los ojos y saber que si era verdad lo que estaba sucediendo… El solo sonrió y siguió besándome.

Lo más apropiado era mantener la compostura, pero no se pudo, no había lógica, coherencia, mucho menos sentido común, solo podía sentir, su cuerpo junto al mío, sus manos recorrer mi piel, su respiración acelerada, no podía pensar y dejar de tocar su piel blanca y suave, el sentir sus labios y sentir que en ese momento era solo mío y yo suya fue el motivo que hubo para perder totalmente la razón.

Mi cabeza solo quería esto, a él en ese momento, la verdad fue una delicia sentir que alguien se detiene a verte, a admirarte, a desearte… Cuando entró a la habitación me miró de la misma manera que lo hizo años atrás, esa forma de pararse tan seguro, tan tranquilo, tan varonil; no recordaba lo que él lograba en mi…

Yo solo me senté a un lado de la cama, él me miró y solo sonrió, nuevamente pregutó:

¿estás bien?

Si, solo atiné a decir -si estoy bien-

Por mi parte me deleitaba con la vista que ofrecía parado frente a mi, siempre me ha atraído su sonrisa, pero esta vez, al acercase a mi y besarme en esa forma tan dulce y apasionada, lo único que sentí es que me temblaba el cuerpo y que una calentura recorría todo mi cuerpo

Mientras nos enlazamos en medio de abrazos y besos, la ropa no molestaba aún… mi cabeza solo dijo una vez -no te saques la ropa- pero el sentir sus latidos a millón mientras me tocaba fue una sensación demasiado placentera, encontrar sus ojos miel mirándome me hizo sentir como una jovencita ilusionada y, el interruptor de la cabeza se desconectó con el cuerpo.

Sabía que había pasado mucho tiempo desde mi última relación sexual, no me había preparado, el brasier era deportivo, la camiseta grande, el pantalón de tela ajustado de color café cubría un perfecto calzón de estilo “abuelita” color rojo, Bingo! Rojo…

El llevaba puesta una camiseta azul marina, un pantalón gris oscuro, su correa… que forma de resaltar el color de su piel… esa camiseta tenía impregnada su perfume, que delicia olerla. Aunque lo más rico era tener ese olor sobre mí… la ropa aún no sobraba…

Besos, caricias, respiros acelerados, suspiros, gemidos…. Su mano llegó a mi zona púbica, un gemido salió de mi boca, el gimió… se detuvo:

Sigue por favor!

El de nuevo dijo ¿Estás bien? Pero ahora preguntó ¿Estás segura?

-Si, bien y segura-

A fin de cuentas, sin títulos, sin ataduras, sin nada que marque la existencia de pertenencia de ninguno, en esa habitación solo estábamos el y yo.

Me alegro Señorita! De nuevo puso esa sonrisa que me derrite y nuevamente tomó mis labios y con su mano disfrutó de mi…

Los gemidos de ambos invadían el silencio del cuarto.

¿Te puedo sacar el pantalón señorita?

Si, si puedes mi caballerito.

¿Y la camiseta?

De acuerdo… pero no es justo que solo sea yo… quiero disfrutar también de ti. En cuanto acabé esta frase el soltó una carcajada y me dio un rápido beso y mientras me sacaba la camiseta el me ayudaba con el pantalón.

En mi mente pasó un flash “calzón de abuelita”

Solo sentí que la vergüenza se apoderaba de mi y le dije -espera… llevo puesto calzón de vieja!-

Y solo dijo:

Es rojo! Mmm rico… me gusta lo que veo!

Se sentó a mi lado y se sacó la camiseta,  mis ojos se fijaron en su pecho, que perfecto, su color blanco me derrite, el me dijo

-lo siento no he ido a tomar color-

Sonreí y le dije, -así blanquinoso eres perfecto para mi… hay una ventaja no eres bicolor, tu nalga y tu espalda tienen el mismo color-

Otra carcajada salió de su boca, se empezó a sacar el pantalón y dijo:

-Compruebalo tu misma-

Se dio una vuelta… le silvo y pienso que no es alto, pero tiene un cuerpo muy bien definido, no ha hecho ejercicios, su panzita “cervecera” resaltaba y lo veía lindo, tan normal, tan él, tan real.

-Fuifuuuuuuiu asé justamente así, me lo recomendó el Dr.-

El dijo: -Ay señorita tu y tus ocurrencias que me encantan-

-Si lo se, eso más esta personalidad abrumadora que me dio Dios te encantan ¿o no?- lo dije y luego pensé -que creida soné… jajaja no importa-

Escuché de su boca un divertido: -Por supuesto, toda tu-

Se acercó a mi, me tumbó a la cama y me dijo:

-Si te duele avísame-

-Por supuesto que lo haré-

Me besó, me tocó, jugó conmigo mientras solo podía pensar “Dios que placer”. Mis gemidos lo dirigían. Sabe lo que hace pensé y empezó a acelerar sus caricias y me llevó al orgasmo.

-GUAU, que genio!-

Se recostó a mi lado… y dijo:

-GUAU TU- y sonrió, me abrazó y me acercó a él.

Pensé, sus besos me vuelven loca, sus caricias saben por donde ir y qué parte rozar, maldita sea, ¿por qué?

Dejé de tomar asunto a lo que pensaba, además debía concentrarme en mi, en lo que sentía y lo que quería sentir.

Nos detuvimos, debía recuperar el aliento y el lo respetó, tomé agua, y nuevamente me acerqué a el y lo abracé, desnudos, hablamos de muchas cosas.

-¿Te gustó?-

-Si-

-¿Te sientes bien?-

-No, por eso gemí y terminé, nótese el sarcasmo en mis palabras y reí-

En ese instante me doy cuenta de que lo disfruté muchísimo, y me pregunté ¿hace cuánto tiempo no disfrutaba así?

-Señorita, te mereces estar bien, sentirte bien y que sea alguien que te lo haga sentir, hoy soy yo-

No lo dejé continuar y le di un corto y romántico beso

-Sabes que si, me merezco esto y más, me merezco ser feliz-

Apareció el motivo de mi locura, sonrió y dijo -así es-

Seguimos conversando, me tenía abrazada a su pecho, sus manos rozaban y acariciaban mi espalda y estaba sensible, muy sensible, me contó que había sucedido con él en estos años, de habló de su trabajo, de lo que quiere, de lo que yo quiero, de lo que siento, lo que pienso. En un momento quedamos frente a frente y nos miramos.

-Sabes que esos ojitos me matan- le dije

Solo sonrió y dijo

-Los tuyos también, hace tanto que no los miraba tan cerca-

-¿Pensaste que esto podía pasar?-

El dijo -No, pensé en ver a mi amiga que no veía hace mucho-

-Te gusta lo que está pasando?

-Sí-, un largo y sonoro si, acompañado de un cálido y tierno beso me sorprendió.

El me miraba y acariciaba mi cabello, me miraba y no lograba descifrar que decía su rostro. Pensé, quien no pregunta se queda con la duda.

-¿En qué piensas?-

-En que no me lo esperaba y lo estoy disfrutando, en algún momento dudé en venir, pero pensé que no podía pasar nada; sin embargo si traje protección. No quiero que pienses que solo vine por buscar esto, vine a verte, a pasar contigo un rato, a conversar a estar contigo un rato, ayer sentí que necesitabas a un amigo, pero ya se dieron las cosas y me siento bien contigo, así, desnudos, abrazados juntos tu y yo- Soltó un suspiro.

Lo miré y solo atiné a tomar su rostro y besarlo, pero esta vez, el beso decía, -te agradezco-, agradezco tu calidez, tu cariño, tu dulzura. Por ahora no necesito una pareja, solo esto, solo sentir un momento de paz, tranquilidad, y que mejor que sea al lado de él.

-O lo recuerdas, o viniste con un manual guardado en tu cabeza, el manual de cómo tocarme, sabes que hacer, como hacerlo y me vuelves loca-

Pensé, mierda, ¿por qué se lo dije?...

Me miró y sonriendo dijo -ni yo lo sé, solo hago lo que en ese momento me sale-

Me besó, le correspondí, se intensificaba poco a poco el beso, caricias iban y venían. El se colocó encima de mí y me preguntó si me sentía cómoda y le dije que si, así lo era.

-Estoy muy cómoda-

Se alejó y se sentó, se puso un condón, y yo miraba.

-Dios que bien está-

El se giró y me dijo -mirona-

-Si, y ¿qué? – me reí nerviosamente.

El se colocó encima de mí me besaba, tocaba mis pechos, los besaba, yo pensaba en lo magnífico que lo hacía, se detuvo y se sentó, tomo mis piernas y dijo:

-Si te lastimo dímelo por favor-

-De acuerdo, lo haré-

Lentamente me penetraba, con delicadeza se hundía en mí, con suavidad acariciaba mis piernas mientras lo hacía, se acercó a darme cálidos besos y seguía en la tarea, en un momento estaba totalmente dentro, yo solté un gemido y preguntó si estaba bien y solo pude mover la cabeza de arriba hacia abajo, con los ojos cerrados escuché su risa y no puede evitar corresponder a ella.

Con los ojos entrecerrados lo miraba disfrutar de mí, yo mordía mi labio inferior y ahogaba mis gemidos con las manos. Así se repitieron algunas veces, la última de ellas mis pies estaban al lado de su rostro, una a cada lado y solo sentí que me besaba los pies, con suavidad los mordía. Cada vez que lo hacía una sensación absolutamente desconocía me invadió. Casi grito de placer…

-Que calientita estás señorita, me vuelves loco-

-Te dije que era calientita-

Que momento más morboso, que rico sentirlo así, que placer…

Antes de dormir pensaba en que cada vez que nos deteníamos a recuperar el aliento nos quedábamos abrazados, el me acariciaba la espalda y una sensación de seguridad me invadía, no podía dejar de besarlo, solo pensaba que sus labios son adictivos.

Seguimos así toda la noche, hasta que a altas horas de la madrugada dijimos creo que es hora de descansar…

Que les puedo decir, así pase una de las noches más especiales de mi vida. Hablar de todo mientras estábamos abrazados desnudos y regresarnos a ver para sonreír y besarnos es algo que no experimentaba hace mucho tiempo.

Pd.: No soy escritora! Disculparán cualquier cosita!

Acepto consejos =D

Actualización:

Pienso en el, cierro los ojos y veo su rostro y escucho su voz preguntándome si estaba bien... Creo que me llega tanto esa pregunta porque el que me la haga me hizo sentir especial, me hizo sentirme amada, aunque sea ese momento.

Si me sentía bien, el hecho de estar en brazos de alguien tan delicado y cariñoso, me hizo sentirla mujer más afortunada del mundo en ese momento. El no se preocupó únicamente por su placer, el se preocupó por hacerme sentir bien a mi. 

Cada embestida me llevaba al climax, cada mirada me hacía suspirar y cada caricia me enloquecía, sentir su lengua era un éxtasis sin igual... y si, su pregunta para saber si me sentían bien me ayudó a tener confianza en mi, a sentirme relajada y a disfrutar del sexo... 

Disfruté de el

El disfrutó de mi...

Puede ser repetitiva la pregunta, pero depende del significado que le da a quien se la hacen...

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