miércoles, 18 de marzo de 2026

Un recuerdo... 18/03/2026

 

Recuerdo que cuando tenía unos diez años, hacíamos voluntariado con mi abuelita en el Hospital Teófilo Dávila de Machala, la ciudad donde crecí, conocí a una niña que fue víctima de violencia física y psicológica, violada por su padre y su madre, vendida a terceros. Yo solo miraba a una niña como yo. La recuerdo como una niña bonita, dulce, aunque de cara triste, era como una estrella sin brillo. Ella nunca volvió a hablar y se quedó como en un mundo paralelo, ella se perdió en su mente y a los pocos años murió.

A mis 31, me tocó acompañar a una víctima de violación a la fiscalía de Quito, mi ciudad de residencia actual. Cabe decir que, en cada paso, en cada escalón que bajaba se me venía a la mente esa niña dulce de cara triste y cuando ví a la víctima, una indígena de unos 19 años, sentí que algo se me rompía dentro, su mamá, ella me contó lo que pasó y ella me miraba con vergüenza, no decía ni una palabra.

Nos encaminamos a la fiscalía, en el carro nadie hablaba, al llegar bajamos tomamos el turno y cuando nos tocó que ella rinda su versión me chocó aún más que ella no hablaba bien el español, se dio a entender y entre lágrimas y sollozos contó lo que le hizo él.

La agente tomó la versión y nos dio un turno para que la revise la médico asignada, a la cita era al día siguiente, ella nunca regresó, ya no quiso hablar, se fue de su casa, ella desapareció, el proceso se archivó.

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